A pesar de la tarde lluviosa del 29 de Diciembre (había ratos en los que el agua caía a cántaros), muchos no dudaron en acercarse a la Cuesta de Santo Domingo para tomar un vino en franca y entrañable camaradería. Siempre es un placer ver allí a tantos y tan buenos camaradas, algunos acompañados de sus conyuges, con los que se han compartido más buenos que malos momentos a lo largo de los últimos 12 meses. Y algunos tenían ya sus añtos, como los 88 de una camarada, que bien hubieran justificado su ausencia dado el mal tiempo imperante. Pero es que algunos de nuestros mayores parecen estar hechos de una pasta a prueba de todo.



Como personas bien educadas que somos, esperamos a que el presidente “abriese” formalmente el acto de hermandad. Y lo hizo con unas breves palabras en las que, además de desearnos un próspero año nuevo, prosperidad que España bien que necesita, recordarnos que hay españoles de bien en cárceles y con procesos judiciales abiertos por no ser políticamente correctos, que no solo necesitan nuestro apoyo moral sino también nuestro apoyo económico, un apoyo que se estaba canalizando a través del Auxilio Azul. (Por desgracia, todos estamos prestos a dar la vida por la Patria… pero eso sí: sin soltar ni un duro.)


Después de sus palabras, dio comienzo la fiesta. Ignacio Prieto, secretario de la Hermandad, quién todos los años se encarga del avituallamiento, nos sorprendió a todos con raciones extras de sabrosísimas croquetas, boquerones y pimientos fritos que desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos. Delicioso el jamón, el queso fuera de serie, y en contra de lo que suele ser habitual, el salchichón ibérico desbancó al chorizo. Las tortillas, como siempre buenísimas (¿hay alguna tortilla mala?) y las clásicas patatas fritas y aceitunas, que nunca se destacan por ser el aperitivo preferido pero que a lo tonto, siempre caen… Coca Cola, cervezas,... pero sobre todo vino porque, al fin de cuentas, era un Vino Español al que se nos había convocado.


Los de la Biblioteca tuvieron la honradez de reconocer su condición de pelotas al regalar al presidente, Carlos Batres, un trenecito de madera con su nombre como metáfora, en clave de simpatía, que indicase que él era la locomotora que guiaba los destinos de la Hermandad. Y después tuvieron un gesto que fue muy apreciado por los asistentes: decidieron hacer un regalo a un camarada de esos que nunca pronuncian conferencias ni discursos, ni figurará nunca entre los populares del mundo azul por ser, sencillamente, un camarada de tantos y como tantos otros… Un camarada de los que si hay que barrer se barre, y si hay que pegar carteles se pegan, y si hay embuchar sobres se embuchan… Un camarada de los que siempre están, año tras año, dispuesto a servir anónimamente, sin esperar nunca recompensa, que es como realmente se sirve.

Y tan acostumbrado está a servir a cambio de nada, que cuando pronunciaron su nombre y lo vio impreso en la etiqueta del vino con que le obsequiaron, José Bogas no podía creer que se estuviesen refiriendo a él... Sirvan estas líneas para unirnos a este pequeño homenaje al camarada José Bogas que, por unos instantes, ha dejado ser anónimo.

Y después empezó la rifa. Los de la Biblioteca nos sacaron el dinero, como siempre, pero hay que reconocer que sin la rifa el Vino perdería parte de su encanto. Como en años anteriores rifaron 5 lotes –todos incluían libros-, tres de ellos con cuadros al óleo sobre lienzo –donación de un camarada pintor- y uno con un programa de presentación digital de imágenes para DVD/TV. El dinero recaudado lo destinan a la adquisición de nuevos fondos para la Biblioteca.

Una jornada memorable.